¿Conoces el concepto de «casa pasiva»? Te sorprenderá

Las casas pasivas son el modelo de casa del futuro, un futuro caracterizado por el desarrollo sostenible y la eficiencia energética; descúbrelas con nosotros.

Concepto de casa pasiva

A lo largo de nuestra vida, el ser humano deja una impronta en todo aquello que le rodea —ya sea de forma intencionada o no—, un gasto irresponsable de recursos naturales, unos niveles inaceptables de emisiones de gases nocivos, etc. En definitiva, una determinada huella ecológica. A veces, las prácticas o las actitudes responsables de estos actos son fácilmente reconocibles: utilizar el coche en lugar del transporte público, consumir muchísimo plástico y desecharlo de forma responsable o dejar abierto el grifo mientras nos lavamos las manos son solo algunos ejemplos.

Sin embargo, hay ciertos elementos que también suponen un coste para la naturaleza pero que pueden pasar perfectamente desapercibidos porque ¿quién sospecharía de una casa? Un simple edificio, un objeto inanimado que no daña a nadie. Ahí se encuentra el error; las construcciones, si no son eficientes, también dejan su impronta allí donde se han levantado. ¿Qué podemos hacer para que nuestro futuro hogar sea respetuoso con el medioambiente? La solución la tiene el modelo de «casa pasiva».

¿En qué consiste una casa pasiva?

Una casa pasiva, también conocida como casa pasiva solar, es una construcción energéticamente eficiente que obtenemos al utilizar una serie de recursos propios de la arquitectura bioclimática. Esta casa pasiva se caracteriza, entre otras cosas, por ser muchísimo más eficiente que las casas tradicionales, demandando un gasto energético muy bajo y ofreciendo una temperatura interior agradable durante todo el año sin la necesidad de ningún sistema de climatización tradicional.

La herencia de la arquitectura bioclimática

Los recursos más característicos de esta disciplina son la orientación de la construcción, el soleamiento y la protección solar, la ventilación cruzada y el aislamiento térmico, amén de la posible incorporación del autoconsumo de energías renovables.

En lo que a orientación se refiere, para captar más energía solar en zonas frías es necesario colocar las ventanas hacia el sur en el Hemisferio Norte y al norte en el Hemisferio Sur. Sin embargo, si nos encontramos en un lugar más cálido, la opción más conveniente es hacer justo lo contrario.

Un soleamiento y una protección solar adecuadas en un lugar cálido consiste en hacernos con ventanas verticales muy alargadas y colocarlas en la cara interior del muro para que, en verano, entre menos calor solar. Sin embargo, en lugares con temperaturas más bajas, las ventanas tendrían que ser mucho más grandes y situarse en la cara exterior de la casa pasiva.

La ventilación cruzada se produce gracias a una diferencia de presión y temperatura entre dos habitaciones orientadas de forma opuesta. Esto provoca una corriente de aire que propicia una correcta ventilación y, por tanto, mantiene un agradable confort térmico.

En cuanto al aislamiento térmico, una de las técnicas más características de la casa pasiva —y en la que profundizaremos más adelante—, destacan el uso de muros gruesos fabricados a partir de materiales con una alta masa térmica, el diseño de un modelo de casa pasiva enterrada o semi enterrada para aprovechar las propiedades térmicas de la tierra y las cámaras de aire.

Si a una casa pasiva con todas estas propiedades le aplicas una serie de equipamiento para generar energía renovable, el resultado es una construcción capaz de autoconsumir, lo que se conoce popularmente como un Edificio de Consumo Casi Nulo —EECN—.

La importancia del aislamiento térmico

El aislamiento térmico es la principal técnica de la que se sirve una casa pasiva para ser eficiente y ahorrar energía. Sin embargo, este aislamiento convive en armonía con una apertura al exterior tal de forma que se alcanza un acondicionamiento natural de la temperatura. Este diseño pasivo, claro está, se encuentra condicionado por el lugar donde se va a construir el edificio y sus características propias, como la temperatura, la humedad, la dirección del viento, etc.

Teniendo esto en cuenta, podemos extraer dos claros paradigmas para ilustrar el diseño de una casa pasiva: la casa de montaña y la casa del desierto. En el caso de la casa de montaña, se busca instalar la casa pasiva en una ladera soleada que la proteja del frío y del viento, construyendo techos y muros aislantes y colocando las ventanas de cara al sol del mediodía.

Sin embargo, en la casa del desierto, la principal preocupación es la amplitud térmica que existe entre el día y la noche. Para solucionar esta problemática, se deberían construir gruesos muros con materiales de una gran masa térmica capaces de aprovechar el intenso calor del día y el frío de la noche, gracias a unas aberturas que faciliten la ventilación.

Como ves, también es posible ayudar al medioambiente de forma —nunca mejor dicho— pasiva. Y es que, con una casa de estas características, tu huella ecológica será prácticamente inexistente solo con residir en ella. La casa pasiva es la casa del futuro, un futuro energéticamente eficiente y sostenible.

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