Gasto energético vs creación de criptomonedas ¡No es oro todo lo que reluce!

Las criptomonedas son una divisa digital que surge cuando poderosos ordenadores resuelven complicadisimos problemas matemáticos, pero ¿qué supone esto para el medioambiente?

Seguro que habrás escuchado millones de veces la frase «el dinero no crece en los árboles»; es cierto que no crece como tal pero para fabricar los billetes es necesario utilizar enormes cantidades de papel, una materia prima que surge de un recurso tan valioso como descuidado: los bosques. Y del mismo modo que los billetes, es necesario utilizar recursos mineros para fabricar las monedas que circulan sin cesar desde nuestras carteras hasta bolsillos ajenos y viceversa.

Todos estos procesos tienen de forma directa o indirecta, un impacto en el medioambiente, ya sea propiciando la deforestación o por las emisiones y el gasto energético producto de la maquinaria necesaria para la fabricación de las monedas. Sea por lo que sea, podríamos llegar a pensar que una moneda intangible es muchísimo más respetuosa con nuestro planeta a no necesitar un soporte físico pero, ¿es esto cierto?

¿Qué es una criptomoneda?

Una criptomoneda es una moneda digital, una divisa alternativa a las ya tradicionales. A diferencia del dinero común, las criptomonedas tienen un control descentralizado, es decir, no están gestionada por ningún banco o entidad pública o privada.

Del mismo modo, si pagas algo con criptomonedas, la transacción se realiza de forma directa entre las dos partes interesadas, sin ningún tipo de intermediarios. De esto se deducen varias de las principales ventajas del uso de criptomonedas:

  • Se reducen los costes de las operaciones porque no hay intermediarios.
  • Se reduce el tiempo que conllevan dichas operaciones.

Una de las criptomonedas más populares, conocida como Bitcoin, surgió en 2009 a manos de Satoshi Nakamoto, el pseudónimo con el que se conoce a la persona o al grupo detrás del proyecto.

El gasto energético de la minería de criptomonedas

¿De dónde proviene el gasto energético en el caso de las criptomonedas? Pues, aunque pueda sorprenderte, la obtención de esta divisa alternativa también requiere una enorme inversión de recursos —en este caso eléctricos—.

Los Bitcoins se obtienen a partir de un procedimiento conocido como «minería»: los ordenadores acceden a la red de Bitcoins y resuelven complicados problemas matemáticos. El problema se encuentra en que dichos problemas se vuelven cada vez más y más complicados y, por tanto, los ordenadores destinados a la minería de esta criptomoneda tienen que trabajar más y más duro. Este aumento en la dificultad de la minería es la principal defensa que posee el Bitcoin frente a posibles estafas; sin embargo, a cambio de un muro inquebrantable, los ordenadores necesitan un ingente gasto energético que se va haciendo cada vez mayor.

Y eso no es todo. Para aumentar el beneficio, los mineros de Bitcoins buscan la electricidad más barata, independientemente de su origen o naturaleza. Este es el caso de aquellas compañías mineras de Bitcoins que establecen en China los ASIC —Application Specific Integrated Circuit, máquinas enormes que necesitan cantidades de colosales de energía— y operan gracias a generadores «low-cost» alimentados por carbón.

Un estudio realizado por Teunis Brosens y publicado por el banco ING, desveló que el coste energético de minar un Bitcoin alcanza los 200 kWh, cantidad de energía que podría suministrar una vivienda durante un mes. Si comparamos este gasto energético con el de una transacción llevada a cabo con Visa —0,01 kWh— podemos comprobar que dicho gasto es 20.000 veces menor. El gasto energético total de las transacciones de Bitcoins llevadas a cabo durante un año iguala el consumo de países como el de Ecuador.

En conclusión, toda esa enorme cantidad de energía —como ya dejamos entrever anteriormente— está producida gracias a combustibles fósiles, contaminando aire, agua y emitiendo grandes cantidades de gases de efecto invernadero. El mayor problema es que el Bitcoin está contribuyendo al calentamiento global sin dar a cambio un beneficio equivalente. Y es que el dinero tradicional realiza las mismas funciones sin tanto gasto energético.

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