Tipos de recarga para el vehículo eléctrico

Los tipos de recarga de los coches eléctricos pueden dividirse según el conector del que dispongamos, la velocidad a la que se lleva a cabo la carga e incluso el lugar donde ocurre.

Tipos de recarga del coche electrico

Si estás pensando en adquirir un modelo de coche eléctrico, te interesa saber cómo recargar de electricidad sus baterías. ¿Basta con enchufarlos a una de las tomas que podemos encontrar en las esquinas de nuestra casa como si se tratase de un electrodoméstico cualquiera?

Pero ¿qué es un vehículo eléctrico?

Antes de entrar en materia ¿por qué no recordamos brevemente cómo funciona el coche que queremos recargar?

Este tipo de vehículos son aquellos que circulan gracias a un motor eléctrico, un ingenio que consume la electricidad almacenada en baterías recargables y la transforma en fuerza mecánica, energía cinética, movimiento. ¿Cómo? El funcionamiento es bastante sencillo en realidad.

Las partes principales de un motor eléctrico son el estator y el rotor, es decir, la pieza fija y la pieza móvil respectivamente. Gracias a la energía eléctrica almacenada en las baterías recargables, las bobinas generan una serie de campos electromagnéticos que se repelen entre sí y mueven el rotor.

Mientras el vehículo se desplaza impulsado por el motor eléctrico, irá consumiendo más y más energía hasta agotar las baterías. Es en ese momento cuando se hace necesario recargarlas, ¿cómo podemos hacerlo? Quizás te sorprenda saber que disponemos de varios tipos de recarga.

Tipos de recarga

La única forma de recargar un vehículo eléctrico es enchufarlo a la red de suministro eléctrico desde la comodidad de tu casa o incluso en la plaza de un garaje comunitario habilitado para ello.

Aún así, los tipos de recarga pueden ser muy diferentes entre sí. En una primera división, descubrimos que podemos agruparlos según el tipo de conector, según la velocidad de carga o, incluso, según el lugar.

Según el conector, los tipos de recarga pueden dividirse en tres modos. El primero de ellos es el modo 2: basta con una toma de corriente doméstica y caja de control en el cable. Gracias a este modo, solo es posible realizar la carga normal o lenta.

El modo 3 necesita de un punto de carga específico con controles y sistema de protección. En cambio, este modo permite la carga normal/lenta y semi-rápida.

Por último, el modo 4 se sirve de corriente continua, posee conectores concretos y hace posible la carga rápida.

Si tenemos en cuenta la velocidad, los tipos de recarga pueden ser de carga normal o lenta, semi-rápida o rápida. La carga normal corresponde, como ya hemos visto, al modo 2, puede llevar entre 6 y 10 horas, y es una recarga de una potencia baja, es decir, de 3,7 kW. Este tipo de recarga es perfecta para lugares en los que el coche va a pasar una gran cantidad de tiempo estacionado, como el garaje de nuestra vivienda.

La semi-rápida, como ya dijimos, se lleva a cabo en el modo 3; su potencia es de 7,4 kW y su velocidad es bastante superior —entre 3 y 4 horas—. Este tipo de recarga está pensada para centros comerciales en los que el coche puede abastecerse de electricidad mientras tú te vas de compras o al cine.

Y la rápida; en 20 o 30 minutos, tendrás tu coche eléctrico recargado al 80 % gracias a una potencia de 50 kW.

Por último, también podemos diferencias los tipos de recarga según el lugar donde se lleve a cabo y el destinatario. Por ello, tenemos los puntos de Carga Vinculada, situados en las viviendas y asociados a un coche en concreto. Casi siempre son recargas normales o semi-rápidas porque el coche va a pasar una gran cantidad de tiempo en dicho lugar.

Por otro lado, encontramos la Carga de Oportunidad. Este tipo de recargas es perfecto para cuando nos encontramos viajando por carretera. En el caso de España, podemos encontrar puntos de recarga públicos repartidos por toda la península. Además, disponen de los modos.

El futuro de la recarga

Pero el avance tecnológico no se detiene en este punto. Actualmente se investigan otros dos tipos de recarga que pueden revolucionar la eficacia, la autonomía, la rapidez y la seguridad de los coches eléctricos y sus conductores.

Un ejemplo de ello es la recarga por inducción electromagnética. Colocándose en un punto concreto, el coche se recargaría automáticamente sin la necesidad de cables. Por ende, el conductor no tendría que abandonar en ningún momento el coche.

Y el último proyecto, aún en fase teórica, sería la construcción de carreteras que sean capaces de recargar el coche en marcha mientras avanza.

Como hemos visto, disponemos de bastantes opciones a la hora de recargar las baterías de nuestro vehículo eléctrico. Contar con un amplio abanico de opciones es importante para implementar y democratizar una tecnología tan prometedora y ecológica como los coches eléctricos.

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